He planeado como las águlas, el vuelo
he transitado bajo la lluvia sin covertor
he llorado po un mal amor y por un buen amor.
No desisto de la insistencia frente a la vida... mas bien, decido seguir cantando y aullando.
famelica del sueño, habito en la desventura de los que no me habitan.
Intento la ascensión hacia el limbo... pura inexistencia, pura vida... eso somos, la sombra de lo blanco y eñ espejo de lo negro.
jueves, 18 de octubre de 2012
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Mientras muero
Hoy he caminado adrede sobre los escombros de mis afectos. Sueño que soy un sueño que se sueña
así misma. Vislumbro los caminos por donde anda la posibilidad de mi amor. Canto a los pájaros que se asoman por la ventana de mi alma. estoy contenta con la vaciedad del espacio y con la llenura de mi alma.
martes, 21 de agosto de 2012
poema inédito
El poema incendia la visión de la noche
irrumpe en el cuarto sin puerta
mira atento la desolación de mi casa
se pone a barrer la casa
para que salga lo que de ti queda
no lloro
he vaciado mis ojos
para que no muestren
la humanidad que hay en mí
y no tenga alma en la que nadie se mire
intenté en el ocaso de los días no aporriar mas tu nombre
contra las paredes de la tarde
la sinfonía del milagro
era cantada por la voz de los muertos
tenían miedo de la pérdida
cuando ya todo estaba perdido.
Los Amorosos
Los Amorosos
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
Poema de Jaime Sabines
para la innombrable
En busca del no tiempo se han dirigido mis pasos. Alumbrada por el resplandor de mi hermano muerto cierro las puertas de mi casa, es decir, las puertas de mi alma. En el dintel se han quedado parado mis amores, han hecho largos peregrinajes para llegar hasta mi casa, han tocado la puerta, mi soledad se asoma por el ojo y todo está a oscuras, tiembla el tiempo, todos huyen de mí hacia ninguna parte, espero sentada sobre el duro asiento. Llega una mujer con el rostro parecido a una que ya había visto en los sueños. No le digo nada y de pronto las palabras van saliendo ardientes de mi boca. Ella murmura en una lengua que desconozco, me dice palabras incoloras, cierra su rostro con las manos para que no la reconozca, no tengo miedo, ya supe del amor, ella cree que es el amor, no le digo nada, la dejo que mire por el hueco de la puerta, solo puede ver un rostro alargado en la distancia y el amor era una palabra que todos los amores del mundo habían vaciado como una tina sucia. Ahora no queda nada, solo unos dedos haciendo toc, toc, toc, sobre una puerta invisible. Vuelve a dormirte, le digo a mi deseo, iracundo se lanza al vacío, me quedo mirándolo como se estrella sobre el pavimento mojado. Me guardo de tanto adiós, acumulado en el alma de los siglos.
viernes, 3 de agosto de 2012
He llorado sobre un mar disecado, sin saber como el agua comienza a inundar los caminos, intento correr para no ser de nuevo agua. Nada hay afuera que me sobreviva, todo intento de eternidad tiene el mismo destino que la mujer de Lot. Somos sal entre la sal. yodo solidificao en nuestra carne. Ternura de los días aciagos, incomprensión de un no ser que se sostiene a la fuerza en la pupila.
mq
mq
martes, 31 de julio de 2012
He caminado por el desierto sobre piedras calientes
he respirado el aire mas pesado que garganta alguna haya intentado respirar
he cantado a la desolación que habita el mundo y por lo tanto a mi alma
he sentido el resplandor del rayo sobre mis ojos
y he muerto de tanto milagro.
He cantado desde mi nacimiento para exorcisar todos los dolores antiguos de mi madre
y ella ha estado sorda a este canto que la mantiene viva.
He sentido las punzadas del dolor y he cantado en medio de la calle fosca esta desventura del alma...
He sido amada y he visto cantar a otras en medio de la calle sus dolores y no he podido hacer nada para mitigarlos, solo contemplar mis propios derumbamientos en rostros ajenos.
he respirado el aire mas pesado que garganta alguna haya intentado respirar
he cantado a la desolación que habita el mundo y por lo tanto a mi alma
he sentido el resplandor del rayo sobre mis ojos
y he muerto de tanto milagro.
He cantado desde mi nacimiento para exorcisar todos los dolores antiguos de mi madre
y ella ha estado sorda a este canto que la mantiene viva.
He sentido las punzadas del dolor y he cantado en medio de la calle fosca esta desventura del alma...
He sido amada y he visto cantar a otras en medio de la calle sus dolores y no he podido hacer nada para mitigarlos, solo contemplar mis propios derumbamientos en rostros ajenos.
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