martes, 21 de agosto de 2012

para la innombrable

En busca del no tiempo se han dirigido mis pasos. Alumbrada por el resplandor de mi hermano muerto cierro las puertas de mi casa, es decir, las puertas de mi alma. En el dintel se han quedado parado mis amores, han hecho largos peregrinajes para llegar hasta mi casa, han tocado la puerta, mi soledad se asoma por el ojo y todo está a oscuras, tiembla el tiempo, todos huyen de mí hacia ninguna parte, espero sentada sobre el duro asiento. Llega una mujer con el rostro parecido a una que ya había visto en los sueños. No le digo nada y de pronto las palabras van saliendo ardientes de mi boca. Ella murmura en una lengua que desconozco, me dice palabras incoloras, cierra su rostro con las manos para que no la reconozca, no tengo miedo, ya supe del amor, ella cree que es el amor, no le digo nada, la dejo que mire por el hueco de la puerta, solo puede ver un rostro alargado en la distancia y el amor era una palabra que todos los amores del mundo habían vaciado como una tina sucia. Ahora no queda nada, solo unos dedos haciendo toc, toc, toc, sobre una puerta invisible. Vuelve a dormirte, le digo a mi deseo, iracundo se lanza al vacío, me quedo mirándolo como se estrella sobre el pavimento mojado. Me guardo de tanto adiós, acumulado en el alma de los siglos.

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